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FIRMAS PARA INTOLERANTES

Hace poco recibí la notificación de un evento "en línea", una fórmula en la que recientemente ha encontrado un gran potencial de impacto, pero (lamentablemente) como -el internet- es un medio tan democrático, no hay discriminación en cuanto a los contenidos.

Dicho evento tiene que ver con la recolección de "Firmas para negar adopción por personas del mismo sexo" promovido por Bárbara Melissa Fernández, una mujer nacida el 19 de diciembre de 1988, es decir que tiene a la fecha 21 años de edad.

En su descripción argumenta (textual): "Porfa escriban su nombre completo y numero de credencial de elector, esto es porque debemos recaudar mas de 50,000 nombres hasta el viernes para que esta ley no se ejecute en Puebla, en estados como Jalisco ya lo hicieron y lo lograron!!! hay que unirnos y tomar conciencia sobre las graves consecuencias que estos niños pueden llegar a sufrir!!! Respeto las preferencias sexuales de las personas pero aclaro que son adultos que toman decisiones y los niños son los que no podrán elegir y estarán influenciados por sus padres adoptivos. Las necesitamos antes del viernes!!!"

Expongo ahora mi respuesta a dicha promotora, con la esperanza de que la cultura de interancia pueda encontrar en la información y el razonamiento dos vías efectivas para el crecimiento social.

Bárbara.
Me parece que algunas cosas que estás dejando pasar arbitrariamente:
1) La resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en ningún momento dijo "ahora sí! todos y todas fórmense en el DIF porque van estar regalando niños!" jajaja es absurdo!

2) La observación de la ley (laica, igualitaria y democrática) es que civilmente no existe ningún impedimento para que parejas del mismo sexo puedan "aspirar" a presentar una solicitud de adopción... o que incluso puedan lograr la custodia.

3) Con esto, todas las personas aspirantes (porque incluso pueden pertenecer al estatus de "soltería"), incluyendo un gran número de parejas H-M, tienen que presentar documentación y demostrar sus capacidades como futuros padres. Es decir que tooodos y tooodas deberás ser aprobados por una autoridad competente... volvemos a lo mismo, nadie está regalando niños.

4) MUY IMPORTANTE: Existen ya estudios sociales (bajo metodologías científicas), que demuestran que los niños criados en una familia "tradicional" y una pareja "del mismo sexo" tienen muy similares índices de desarrollo psicosocial y en su desempeño académico, ni unos son otros son mejores o peores... lo que los trauma es la gente a su alrededor que los denigra.

5) Si la hipótesis fuera que "el comportamiento sexual es aprendido de los padres" entonces obligatoriamente no habría ningún homosexual en el mundo.

Me parece, ya de modo muy particular, que lo que estás promoviendo es una cultura de intolerancia, dictatoria e intransigente... estoy seguro que muy cercano a ti (al igual que a todos nos pasa) existe más de uno que se siente ofendido con tu desprecio y no dice nada por temos a que lo lapides.

Antes de actuar... hay que pensar.

Aprovecho la ocasión para compartir esta excelente publcidad de la agencia Leo Burnett, con el tema "If this is wrong, why is it right when it comes to marriage? Help win the civil rights battle of our time at equal-marriage.ca"

MUCHOS HUEVOS

La semana pasada me di a la tarea de ayudar a un amigo, estudiante de Contador Público, que debía dar un discurso de bienvenida a los nuevos universitarios.

Con la observancia institucional le escribí un mensaje, que primeramente (obvio) fuera de la complacencia de las autoridades y luego, siguiendo el objetivo esencial, aspirara a marcar un punto de reflexión acerca de la educación superior en México.

Estoy seguro que desde hace meses, o quizás años, todos hemos escuchado mucho las palabras: certificados de calidad, innovación curricular, trayectoria institucional o prestigio educativo… Pero también estoy seguro que muy pocas de las universidades en verdad lo son.

Yo tengo ya varios años de haber egresado, me titulé y ejerzo mi profesión, y por toda esa cadena de verbos debo reconocer que soy muy afortunado. Podría haberme ganado lo asno y haber no terminado la carrera; podría no tener el título de licenciado en la pared o simplemente podría ahora trabajar en algo por lo que no me chamusqué las pestañotas durante 5 años.

Como estos nuevos estudiantes, un día tuve la oportunidad de elegir. Como pocos, seleccionamos una de las instituciones de educación superior y en ella decidimos cuál profesión estudiar. Otro verbo privilegiado: elegir.

Miles solicitamos ingreso, pero otros muchos más se quedaron fuera en el proceso de selección. Algunos están se tuvieron que ir a otras universidades o tal vez ni siquiera eso, se quedaron sin estudiar porque no tuvieron otra alternativa.

Quienes sí obtuvimos un lugar se lo debemos no sólo al buen resultado en un examen de ingreso, sino a un esfuerzo mayor de los 3 años (y más) previos a ese estresante día.

Espero todos sepamos esto, ya que nuestra cultura del “día a día” nos enseña poco acerca de prever, planear, organizar y ejecutar un plan de vida. Esto no es más que esfuerzo constante, el cual seguramente será más agotador cuando no hay entusasmo, disciplina, control y visión.

La gorda se queja de estar obesa, pero el único ejercicio que ha hecho es seguir el rastro de la garnacha y los caramelos. El atleta se queja de haber llegado a la meta en último lugar, pero en lugar de entrenar a consciencia se la pasó en eventos con sus patrocinadores. La pensión del jubilado es poca, pero al joven le da flojera trabajar y no le interesa ahorrar para su vejez, mientras que para el viejo ya es tarde planear su retiro voluntario.

Si somos como un automóvil que sale de viaje con el tanque de gasolina medio lleno, no nos quejemos.

A mí me ha pasado, lo confieso y acepto. Cuando yo apliqué mi solicitud de ingreso a la universidad, quedé en el 5º lugar de la lista de aceptados. ¿Dónde quedó esa excelencia después de que regresé del intercambio a la mitad de la carrera?

Nunca había reprobado en ninguna de mis materias, de hecho siempre fui de los ñoños estudiosillos. Hasta la universidad. Cuando reprobé, dije muy orgulloso dije que jamás fue por burro, sí por socialito.

Aprendí muchas cosas extra currícula, sí, pero al final me reprobaron 5 veces por inconstante y por falta de tenacidad.

Tarde me di cuenta. El día de la ceremonia de entrega de títulos, entre autoridades, maestros, familiares y compañeros, me arrepentí de haber recibido sólo mi título. Tuve la oportunidad de haberme ganado una mención honorífica o al menos un reconocimiento por alto desempeño académico… y no. ¡Qué triste!

Estudiar una carrera debe significar un camino hacia el empleo, a excepción de quienes estudian por el mero gusto de aprender… o mientras se casan… o mientras reciben la herencia… o en tanto le atinan al premio gordo de la lotería…

Y así, cada vez somos más los jóvenes que egresamos de las universidades, por lo tanto cada vez será más exigente la competencia de un puesto de trabajo, la instalación de una empresa autoempleadora, la obtención de una beca de estudios de posgrado. La tarea por ahora será revisar la calidad del mejor producto: uno mismo.

Mejor profesionista=mejor empleo=mejor calidad de vida es una ecuación que para que funcione de manera efectiva, debemos saber desde ahora que ese trabajo al que aspiramos dependerá de todos los días que estemos en la universidad, dentro y fuera del salón, aprovechando esta oportunidad.

PD. El tiempo no vuelve y mientras podamos hay que ponerle “muchos huevos”.

NOTA: Las imágenes son parte de la colección 12 huevos fritos escaneados, del madrileño Jorge Negrotti.